domingo, 16 de enero de 2011

A propósito de la celebración del 25º aniversario de la Jornada Mundial de Oración y del espíritu que la inspira.


Decía Ernesto Hello que el hombre mediocre “es amigo de todos los principios y de todos los contrarios de estos principios”. Es amigo porque teme las definiciones contundentes y sin ambigüedades. Lo mismo ocurre con el católico liberal: no hay ningún problema que convivan, juntos y al mismo nivel, dos principios contrarios (por más antagónicos que sean) mientras esto sea bien visto por la “opinión pública” que los medios de comunicación, lejos de amar a la Verdad, se encargarán de promover.
Con dolor, nuevamente, vemos que el Santo Padre llama a una nueva “Jornada Mundial de Oración por la Paz”. Un nuevo acto ecuménico en Asís, revestido del mensaje de paz que desea el mundo, aquella paz que no vino a traer Cristo, sino aquella paz del “no conflicto armado”, aquella “paz” que promueven los organismos masónicos tales como la ONU, una paz sin Aquél que trae la verdadera paz.
Así, los medios oficiosos, nos informan:

CIUDAD DEL VATICANO, 1 ENE 2011 (VIS). Después de la misa celebrada en la basílica vaticana, el Papa se dirigió desde la ventana de su estudio a los miles de peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro para el primer Ángelus de 2011. (…) Después del Ángelus, el Papa señaló que en el Mensaje para la Jornada de la Paz había hecho hincapié en que “las grandes religiones pueden constituir un importante factor de unidad y de paz para la familia humana, y he recordado a este propósito, que en este año 2011 se celebrará el 25º aniversario de la Jornada Mundial de Oración por la Paz que el Venerable Juan Pablo II convocó en Asís en 1986. Por eso, el próximo mes de octubre peregrinaré a la ciudad de san Francisco, invitando a unirse a este camino a los hermanos cristianos de las distintas confesiones, a los representantes de las tradiciones religiosas del mundo, y de forma ideal, a todos los hombres de buena voluntad, con el fin de rememorar este gesto histórico querido por mi predecesor y de renovar solemnemente el compromiso de los creyentes de todas las religiones de vivir la propia fe religiosa como servicio a la causa de la paz. Quien está en camino hacia Dios no puede dejar de transmitir paz, quien construye paz no puede dejar de acercarse a Dios. Os invito a acompañar desde ahora con vuestra oración esta iniciativa”.

Por otro lado, vemos el basamento de que el acto ecuménico llevado en Asís, ha sido un acto de inspiración masónica y modernista. Traemos unos textos que prueban nuestro repudio hacia tal iniciativa destructiva de la verdadera Fe:

La “Iglesia” que desea la masonería:

“No permitáis que se diga, Hermanos míos, que la Masonería es la anti-iglesia, (…) fundamentalmente, la Masonería quiere ser una super-iglesia, la iglesia que las reunirá a todas” (Política y masonería”); “Esa nueva iglesia recibirá sin embargo de Roma la consagración y la Jurisdicción Canónica” (Roca en “Glorioso Centenario); “Sólo en una sociedad teocrática que tenga el carácter universal de la Masonería podrán reunirse un día el Islam y la Cristiandad, los judíos y los budistas, Europa y Asía, en un mismo ideal y en una misma esperanza. En una palabra, a la Masonería corresponde formar la Iglesia universal”.

(Pignatel, “Batallas masónicas”).

Una profecía masónica sobre cómo se conformaría el nefasto acto en Asís:

“Delante de una Iglesia «ocupada» ampliamente por las ideas del mundo, es decir, por las ideas impuesta al mundo por la inteligencia masónica, los francmasones no van a padecer más la «aversión sistemática» porque ellos encontrarán, en el seno mismo de la Iglesia, la complicidad, la complacencia, la afinidad. Allí le ofrecen el sillón al “Consejo de Maestros [masones]”. Y esto va más lejos aún. Es la famosa visión del hermano francmasón Corneloupl: «alrededor de un patio central, un arquitecto ha edificado el templo de todas las religiones: en el centro, sobre una amplia cúpula que se abre al cielo, un pedestal muy simple. Sobre él, un rosal en flor que se impulsa hacia el cielo. Los hombres vienen de rezar en el templo de su elección. Después de haber rezado, ellos salen al patio y se mezclan unos con otros y también con aquellos que no han entrado en ningún templo. Y todos juntos, sin sacrificar, cualquiera que sea, ni su fe ni sus creencias particulares, comulgan en la admiración, el respeto del amor a la rosa, emblema de la vida”.

(Trascripción de la página 244 del libro de Jacques Ploncard d’Assac: “Le Secret des Francs-Maçons” [el Secreto de los Francmasones], ed. de Chire, 2da. Edición, año 1983).

Relato de un periodista presente en Asís que demuestra el fiel cumplimiento de la profesía masónica:

[El Cardenal Echegaray] precisaba:- “Desde el principio, el Papa orientó la programación de la jornada con una fórmula feliz: no rezar juntos, sino estar juntos para rezar. En ningún momento rezarán unos con la oración de los otros, reduciéndose a una oración común como alineada sobre un pequeño denominador común. Para visualizar la ausencia del sincretismo, en el momento de la ceremonia, cada grupo se separará del cerco común para expresar su propia oración en un espacio reservado”…
“Se trata de una iniciativa inédita, sin referencias histórica en escala universal. Exige no solamente la ausencia de sincretismo sino, igualmente, toda apariencia de sincretismo”...
Lunes 27 de octubre, 9 horas: Juan Pablo II recibe en el atrio de la Basílica de Santa María de los Ángeles a las representantes de las “doce grandes religiones”.
¿Doce? Se ignoraba hasta hoy que los diversos cultos se ajusten a una cifra perfecta. Es verdad que católicos, ortodoxos, anglicanos, luteranos, calvinistas, metodistas, bautistas, cuáqueros, armenios, coptos y viejos católicos de Utrecht fueron agrupados para esta ocasión como representantes de una sola religión, la religión cristiana, e igual con las otras once: budistas, musulmanes, hindúes, sikhs, shintoistas, judíos, bahais, jainistas, zoroastrienses (¡pero si!) y, «last but not least», religiones tradicionales del África y de los Indios de América. Después de 46 horas, reina en la ciudad de San Francisco el clima de woodstock de los años 60. Un bonzo se instala delante de la basílica al pie de un estandarte violeta.
Anuncia desde hace dos días que lloverá o que soplará viento, golpeando con regularidad un pequeño tamboril. Domingo, un eclesiástico de civil se arrodilla algunos instantes con él…
Más tarde dos señoras ancianas colocarán un crucifijo a los lados del retrato de su gourou, para recogerse en silencio. Unos “jóvenes” queman una bandera de la ONU. Otros enarbolan un tee shirt azul cielo donde figura un globo terráqueo rodeado de palomas; con una descripción: “Ante todo la paz”…
En Santa María de los Ángeles, los dignatarios desfilan ante el Papa que los saluda. El cortejo es variado. Los trajes azafranes de los hindúes contrastan con los solideos esmeraldas, los chéchis, los keffiehs de los imanes musulmanes. Los indios de América enarbolan soberbios adornos de plumas (se creía reservados a los jefes de guerra). Los brujos animistas van descalzos, cubiertos uno con una toga blanca, el otro con un paño multicolor, a la manera de piel de tigre. Otro con el rostro marcado con pinturas de paz. Es “Tintín” del Congo, en América y en el Tibet en un solo volumen…
En el mismo momento, en Santa María-Mayor, los hindúes y los sikhs alternan las estrofas y los discursos. El público desfila, escucha sin comprender, luego enseguida se eclipsa. En una capilla lateral desierta, una lámpara roja indica que se han olvidado de retirar el Santísimo Sacramento de la Iglesia…
En San Pedro son los budistas que celebran el oficio zen. El celebrante, vestido con un traje naranja y con una especie de casulla verde, la cabeza cubierta con una larga capucha, está rodeado de monjes jóvenes con los cráneos rapados (para la mayoría de los occidentales convertidos) que se inclinan hacia él, y acompañan al ritmo de un gong, la ceremonia…
A la izquierda del altar, el Dalai Lama está sentado en un canapé bajo, delante de sus monjes. Balancea la cabeza, inclina medio cuerpo, luego vuelve a enderezarse mirando a los fotógrafos que hacen su negocio y se inclina alrededor de altar, con una sonrisa de complicidad…
Los judíos no quisieron celebrar culto. Prefirieron instalarse en la calle, alrededor de una mesa, para comentar la Biblia. No lejos de allí, está prohibida la entrada al local donde se aislaron los jainistas. ¡Qué pérdida para el observador!, pues los adoradores de la aurora, tienen costumbre, dicen, de rezar postrándose ante una “cruz gamada”, símbolo del sol…
De hecho, si las delegaciones toman lugar en un mismo estrado, el Papa ocupa su asiento en el centro, en una silla que no se diferencia de los otros “guías espirituales”, entre Mons. Methodios, representante del Patriarcado de Constantinopla y el Dalai Lama; los grupos suben unos tras otros en una segunda tribuna hasta que llega el momento de tomar la palabra.

(El texto completo de este relato fue publicado en el numero 55 correspondiente a Enero-Febrero/87 de la revista “Fideliter” - R.P. 14-Annexe 1, 69110 - Ste Foylés-Lynn Francia).

Anexos sobre las “Jornadas mundiales de oración por la paz” en Asís:

·    Asís: un acto masónico. El escandaloso acto ecuménico de Asís, ha dejado perplejo a muchos católicos. Su colorido y mamarrachesco cambalache de “religiones” ha sido motivo para que más de uno se pregunte “¿Quién está detrás de todo esto?” Algunos, han visto en él, la infiltración de la masonería dentro de la jerarquía eclesiástica, de otra manera sería impensable un acto de tamaña envergadura lleno de falsos conceptos totalmente alejados de la verdad católica.
Para demostrar la infiltración de la masonería en dichas “Jornadas de oración por la paz”, Vanellus Bonaerencis, ha hecho un pequeño pero muy interesante trabajo, demostrando el ideal masónico realizado en Asís.
·    El bazar de Asís. Como lo señaló Mons. Lefebvre en su declaración del 8 de diciembre, en unión con su Ex. Mons. de Castro Mayer, la “reunión de oración” de Asís demostró la ruptura con la Tradición de la Iglesia y con las enseñanzas de once Pontífices que precedieron a Pablo VI. La importancia de tal evento, sin precedentes en la historia de la Iglesia, perturbó a los católicos. El relato de un periodista, testigo ocular de esta escandalosa jornada aumentará su tristeza.

Anexos sobre el falso ecumenismo que se practica hoy:

·    Del ecumenismo a la apostasía silenciosa. Carta con motivo de los 25 años de la eleccion de Juan Pablo II. Analisis documentado sobre el ecumenismo.
·    El ecumenismo, trampa mortal para la Iglesia. Primera parte. A propósito de un libro del profesor Georg May. Georg May, sacerdote desde 1951, profesor de Derecho canónico, Derecho Eclesiástico e Historia del Derecho Canónico en la Universidad de Maguncia durante el periodo 1960-1994, escribió diversos ensayos, en el pasado cuarto de siglo, sobre la iglesia del postconcilio: ensayos todos apasionados, penetrantes, documentados y bastante críticos para con la corriente dominante. Es de recordar uno que consagró a demostrar la gran responsabilidad que incumbe a los obispos en la gravísima crisis actual de la Iglesia; lleva por título una frase del cardenal Frajo Seper, que fue en su momento prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe: «La crisis de la Iglesia es una crisis de los obispos».
·    El ecumenismo, trampa mortal para la Iglesia. Segunda parte. La amplia reseña que publicamos poco ha de un libro del prof. May titulado, como se recordará, La Trampa del Ecumenismo (una vigorosa y documentada denuncia de la devastación que ha provocado éste en la Iglesia y en las naciones católicas) suscitó, a Dios gracias, un interés notable entre nuestros lectores; de ahí que estimemos oportuno completarla con la exposición del capítulo que consagra el prof. May (catedrático de renombre amén de sacerdote, no se olvide) a las relaciones entre el ecumenismo y las religiones acristianas.

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